Opinión

Ya sé que es un engaño, pero…

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Ya sé que es un engaño jugar a la lotería de Navidad; ya se encargan de decírmelo a diario los cientos de pragmáticos aguafiestas. Sé que es un engaño más de los miles de engaños que nos acechan a diario. Pero, a diferencia de otros, este me produce emociones diferentes. Este engaño no me irrita ni me altera sino que me hace sentir ilusión, esperanza y alegría. Sé que es muy difícil que me toque, pero el hecho de jugar me permite hablar con amigos que hacía tiempo que no veía pero que siempre llevo en el corazón. Sé que es un engaño, pero un simple décimo me permite imaginarme la alegría de algún familiar en apuros. Sé que es un engaño, pero una pequeña participación hace más equipo en el trabajo que muchos jefes desprendidos. En definitiva, sé que la lotería de Navidad es un engaño manifiesto, con pocas probabilidades de que te toque y que, con toda certeza, perderé el dinero invertido; lo sé, pero las emociones que me produce son difíciles de cuantificar. Vivir la ilusión, sentir la esperanza y ver la alegría de los afortunados, aunque no sea yo uno de ellos, no tiene precio.

Joaquín Fernández Sánchez. Pozorrubio de Santiago (Cuenca)

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