Opinión

¿Vale la pena seguir ocupándose de Polonia?

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La anterior Comisión Europea solía tirar de las orejas a Varsovia, pero sin resultado. ¿Será por blandengue?

Puedo llegar a entender a quienes afirman que en los últimos cuatro años ya se ha escrito todo sobre la destrucción del Estado de derecho y el desmantelamiento de la democracia en Polonia. Pero es que el Gobierno populista de Ley y Justicia (PiS, en sus siglas polacas) quiere tomar el control de los tribunales para que los funcionarios del partido, como en la época del comunismo, puedan influir en las sentencias y utilizarlas para fortalecer su poder.

Gracias a los tribunales serviles es posible amordazar a los medios de comunicación insumisos, llevar a la quiebra a los empresarios que no quieren compartir sus ingresos con el partido y encerrar a los oponentes políticos en la cárcel como si fueran delincuentes comunes.

Los medios de comunicación ya han escrito ríos de tinta sobre la implementación gradual de este plan en Polonia. Por eso los lectores del resto de Europa están en su derecho a sentir cierto hastío con el tema.

Tanto más porque, aunque Polonia se encuentra en el centro geográfico de Europa, el mundo no gira a su alrededor. Irán, Siria, Hong Kong, la política de Donald Trump, los problemas de Emmanuel Macron, la economía digital o la crisis de las pensiones: estos son los temas en los que viven las sociedades occidentales. ¿Vale la pena seguir ocupándose de Polonia? ¿O tal vez sea mejor aceptar el hecho de que los políticos que gobiernan Polonia son como son, y encogerse de hombros?

Se trata de una cuestión peliaguda no solo para los jefes de las principales redacciones europeas. Tanto los diplomáticos como los políticos y empresarios europeos se preguntan por igual: “¿Qué diablos vamos a hacer con estos polacos?”.

Ursula von der Leyen, la nueva jefa de la Comisión Europea, también tiene un problema con Polonia. El Gobierno polaco viola ostensiblemente los principios que constituyen la base de la Unión Europea; en los medios de comunicación bajo su control se está llevando a cabo una campaña de difamación contra la UE y sus funcionarios, al mismo tiempo que se pisa fuerte y extiende la mano para pedir dinero de los fondos europeos.

La Comisión anterior solía tirarle de las orejas a Polonia, pero sin resultado. ¿Será por timorata? Sin Polonia, que después del Brexit es el quinto país más grande de la UE, no hay mucho más que se pueda hacer por el proyecto europeo.

El Gobierno de Ley y Justicia es consciente de los dilemas de la Unión Europea. Antes de que Von der Leyen se convirtiera en el jefe de la Comisión, los medios públicos controlados por el partido atacaron constantemente a Alemania y caldearon el resentimiento antialemán. Parecía casi seguro que Polonia iniciaría una disputa sobre las reparaciones de la II Guerra Mundial. Ahora que la Comisión está encabezada por una mujer alemana, los ataques han sido silenciados, y después de las elecciones, en el Parlamento no se ha reactivado el trabajo de la comisión especial que preparaba la lucha por las reparaciones.

Europa ya ha bajado la guardia una vez. Hizo la vista gorda mientras Viktor Orbán instauraba un régimen casi autoritario en Hungría. Como resultado, el renombrado think tank estadounidense Freedom House ya describe a Hungría como “parcialmente libre”. Allí, los medios de comunicación independientes son prácticamente inexistentes, las autoridades miran para otro lado ante la corrupción, el país está hermanado con Rusia y China y el Gobierno quiere controlar hasta las investigaciones científicas. A pesar de todo, Fidesz, el partido de Orbán, sigue siendo miembro del Partido Popular Europeo, que lleva inscrito en sus estandartes la libertad, la democracia y el Estado de derecho.

El jefe del partido Ley y Justicia Jaroslaw Kaczynski no oculta que es alumno de Orbán; así, los políticos de Ley y Justicia vuelan regularmente a Budapest para fisgar cómo en el Danubio se han hecho completamente con el control de la economía, cómo amordazaron a los medios de comunicación y cómo redactaron nuevas leyes para tener a Bruselas atada de pies y manos. Si Europa acepta esto, se pondrá en práctica el plan de Kaczynski de hace muchos años: tendremos otra Budapest a orillas del Vístula.

El 11 de enero, miles de jueces polacos vestidos con toga marcharon por Varsovia, protestando contra los planes del Gobierno de Ley y Justicia, que quiere prohibirles aplicar las sentencias del Tribunal de Justicia Europeo bajo pena de destitución. La protesta fue apoyada por jueces de toda Europa, incluyendo presidentes de los principales tribunales europeos. Es una señal para los políticos y eurócratas de que Polonia todavía tiene que ocuparse de Polonia.

Bartosz T. Wielinski es adjunto a la dirección de Gazeta Wyborcza.

Traducción de Amelia Serraller.

© Lena (Leading European Newspaper Alliance)

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