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Las motos ayudan, y mucho

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Los cálculos de un físico holandés cuantifican la gran ventaja que ofrecen los vehículos con su rebufo

Llega siempre un día en el que en el Tour todo se envenena. Las tensiones comienzan a descontrolarse, los nervios y todos empiezan a mirarse con suspicacias. En esos momentos, quizás todos deberían ser Rigo Urán, colombiano de Antioquia. “No me hables de motos, de motos solo entiendo de AKT [la marca colombiana que promociona]”, le dice al periodista sobre qué opina del ataque de Alaphilippe y Pinot la víspera y de la ayuda que, según Fuglsang, recibió de las motos de televisión. “Ese ataque ni quise verlo, yo ando en mis cosas, en mi mundo. Que ataquen, es muy pronto para estar pendiente de eso”.

La falsa indiferencia del segundo clasificado del Tour de 2017 es, sin embargo, un sentimiento muy minoritario en el pelotón, donde el asunto de las motos lleva años inquinando los cerebros de muchos. “En Italia ayudan a los italianos y en Francia a los franceses. Es así y siempre ha sido así.

Es algo contra lo que no podemos luchar”, dice, fatalista, Bruno Cenghialta, el director del Astana de Fuglsang, cuya estrategia en la etapa del sábado quedó destrozada por el ataque de los galos.
Según denunció Fuglsang, Alaphilippe y Pinot aprovecharon la rueda de una moto para atacar y sacar 4s en un visto y no visto. Después, dos motos les acompañaron en su alejamiento del pelotón y en su persecución inútil al fugado De Gendt. Cuando en televisión se veían planos cercados de frente de los franceses, su ventaja se incrementaba, y su cercanía a De Gendt, que disminuía con los planos traseros.

Que las motos, con su rebufo poderoso, influyen en la marcha de los ciclistas lo saben todos y lo demuestra un estudio holandés publicado en vísperas del Tour.

Según el profesor de física Bert Blocken, un sabio del túnel del viento y de los cálculos matemáticos, un ciclista que pedalee a 2,5 metros de una moto experimenta una resistencia a su marcha un 48% menor a la que sufriría pedaleando sin nada delante. “Eso se traduce en un incremento de velocidad del 24%, en 14,1s ganados por minuto”, dice Blocken. “Con el mismo efuerzo con el que marcharía a 54 por hora sin moto delante, marcharía a 67 por hora”.

Los experimentos de Blocken los comprueban en la práctica diariamente los ciclistas. José Luis Arrieta, director del Movistar, se ha convertido en un experto en el asunto del efecto aspirador del pelotón. “Todo es mucho mayor de lo que parece”, cuenta. “La etapa con el viento de cara, solo el paso de los vehículos antes del pelotón hacía que las banderas de la cuneta cambiaran de dirección, como si de repente el viento soplara al revés. Y si te quedas detrás del pelotón y lo dejas pasar, aún un minuto después sientes el efecto de la atracción que ejerce a cola”.

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